2007-06-01

La narrativa de Iván Islas

"Todos los libros que amamos parecen haber sido escritos en una lengua extranjera", es particularmente cierto en la obra de este autor defeño, Iván Islas, en el que se conjugan espacios eclécticos, la ciudad cultura del DF y las inciertas brumas londinenses. En "Rainy morning days" se sugiere la imposibilidad de apresar una esencia, el centro de una intimidad, en un universo hecho de circularidades y linealidades. Lugares (Londres, el apartamento, un sofá, una mañana de lluvia) que desaparecen junto con vínculos sugeridos entre las personas. El universo es construido en filigrana por el narrador para luego disolverlo. El yo fragmentado en dos espacios repetidos, dos afectos, dos tiempos, la mismidad que es otredad porque no puede reeditarse, no puede reconstruirse en la circularidad de los instantes. De ahí la necesidad de afirmar contradictoriamente "I was there". Y el adverbio ya no es un lugar, sino un tiempo inevitablemente perdido, que expone a la luz la máscara, la irrealidad de la experiencia. Las repeticiones, la lluvia, la película repetida, el sofá, las mañanas de lluvia, la rutina. Refuerzan la tristeza desprendida en la narración, llovida sobre el mundo; la repetición > del mismo film para poder garantizar la pervivencia de ese algo que ya no es. Pero ese juego de circularidades sin embargo vuelve en cada vuelta a los sujetos en extraños, una extrañeza que además multiplica su efecto por el idioma en que está narrado el relato. El amor es utopía y contrautopía, exigencia de sinceridad y mentira necesaria. Este “Rainy morning days” es una nueva muestra de una precisa, minuciosa y sobria melancolía, que, por otro lado, configura una constante que atraviesa la obra de Iván Islas que, entre la poesía y el microrrelato, dibuja finísimas burbujas de intimidad imposible que se disuelven inevitablemente en la otra realidad, urbana y cosmopolita (aristas, edificios, campos de fútbol, museos, discotecas) que las contiene.

Ojalá podamos leer pronto publicados algunos de los relatos que ha tenido la generosidad de dejarme leer. Abrazo cibernáutico. Os dejo con él.

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"Rainy morning days"

It was the night, the dark and empty night. We were just talking about our last years in London. Do you remember the rainy morning days? The sky got angry and it gave us a grey glare. The water insisted on being there as it always used to be in that season. How can we go back to those days? We used to spend all day long watching the same film, once and again. Laid down on the sofa, nothing had to be taken off. Although everything, I was there. Was the color of the sky the reason to be sad? You always told me I had to be clear so that I would confess my feelings all the times. Today is not different. Somebody else was here, in the same sofa next to me, so close. You were not aware of those little things. You were not right here when you were supposed to be during these rainy morning days.


Ivan Islas.
Mexico, City.
March 24th, 2007.

Jesús Montoya Juárez

4 comentarios:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Gran texto. Me ha encantado cuando dice: "We used to spend all day long watching the same film, once and again."
¿Quién no ha vivido esa película? ¿Quien no ha sentido el tiempo alguna vez como una trampa circular?
Yo también espero ver pronto un libro, ojalá que en nuestra lengua.

Alfonso E. dijo...

Muy bonito, ¡queremos más!. Un cierto sentimiento de añoranza y tal vez de amargura al final. ¿Autobiográfico tal vez? Demasiado personal para ser inventado...

Anónimo dijo...

El relato es sencillamente magnífico. La atmósfera brumosa de la ciudad invade el espacio íntimo y privado de un pequeño salón, atraviesa los cuerpos y los habita para siempre. El yo que se describe o que se anuncia es el yo "que ya no es yo", una voz fragmentada en todas sus coordenadas tempo-espaciales y que se sabe consciente de esa escisión. Sorprende la distancia íntima que toma respecto al espacio y al tiempo (pasado/presente), respecto al lenguaje y al destinatario de esas tres preguntas (un tú que podría ser el mismo yo que se anuncia, o incluso el lector…); tres preguntas que se quedan zumbando en el aire y que trenzan esa misma atmósfera brumosa, melancólica y triste que desprende el relato, un paisaje interior descrito en trazos impresionistas. No importa el lugar, porque es la ciudad la que nos habita para siempre. Me ha recordado los versos de Kavafis del poema titulado precisamente "la ciudad":
“No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. No busques otra, no la hay.
No hay caminos ni barcos para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra".
Sencillamente un relato asombroso. Pienso igual que tú, Jesús, ojalá podamos ver pronto algún libro suyo publicado. Felicidades, Iván.
Un abrazo muy fuerte desde Montpellier.
Mariajo

i. i. dijo...

Sinceramente agradezco sus comentarios. En verdad me siento alagado. Pocos han leído mis microrelatos como bien los llama Jesús. Qué decir de Rainy morning days. Espero no irrumpir en sus interpretaciones. Es el primer texto que he concluido en inglés, que como se nota, no es mi lengua materna; sin embargo, siempre he vivido muy cercano a ella y poco a poco he descubierto la posibilidad, sobre todo rítmica, que puede llegar a tener. En últimas fechas, además de textos académicos y noticias, he leído poesía inglesa. Vivir a lado del imperio, también tiene sus ventajas. Acerca de la historia. El relato lo escribí entre Londres y Ciudad de México, fue madurando por medio año. Encuentro una conexión entre las dos ciudades; cuando he estado allá, a pesar de encontrarme en medio de una cultura distinta, me siento confortable, como en casa. El clima en algunos meses es muy parecido, lo grande de la ciudad, el color del asfalto, en fin... Quizá tenga que ver con lo que apunta Mariajo al referirse a toda ciudad, no lo sé. Efectivamente, quise jugar con los tiempos, el narrador en presente refiere a un hecho pretérito (lejano), pero al mismo tiempo habla de lo que recién ha ocurrido, un pasado más inmediato. Entonces, el tiempo se tuvo que diluir. Es ese susurro atemporal, como lo manejo en otro de mis relatos titulado “El lado oscuro”, que juega de la misma manera. A partir de una escena temporal, perfectamente localizada, de pronto se desprende y se vuelca al infinito, a lo general, incluso en cuanto al tema que trata. A través de indicios hablo de los personajes y sus situaciones. Lo demás se lo dejo al lector y apuesto ahí, en ese momento, a lo general, es en ese instante cuando se supone perdería el control de la posible interpretación, pero no suele ser así porque regularmente el relato se vuelve atemporal (lo que al final vengo buscando). Sí, en efecto, lo melancólico es algo que ha prevalecido en los ejercicios literarios que he realizado hasta ahora. Esto tiene que ver con los temas que trato, amistades que no terminan de serlo, relaciones de pareja que creen conocerse, silencios que hay que asumir, días de sol con preguntas inorportunas, etc… En fin, vuelvo a agradecer los comentarios. Saludos!
pd El relato no es tan personal, no me imagino un día entero viendo la misma película, jajajaj.

"Sin embargo yo creo que aquel niño se fue con ellos y todos juntos viven con otras personas y es a ellos a quienes los muebles recuerdan. Ahora yo soy otro, quiero recordar a aquel niño y no puedo. No sé cómo es él mirado desde mí"

Felisberto Hernández, "El caballo perdido".