Historiasdeotros

Espacio personal de todos los otros de un post-escritor

2009-10-20

Desapariciones


Me levanté esta mañana decidido a concluir mi dichoso artículo sobre los primeros cuentos de un autor latinoamericano. Tras una jornada de lucha intelectual e innumerables interrupciones en forma de llamadas telefónicas, urgencias cotidianas de mi hija y reproches de mi esposa por haber olvidado las mínimas obligaciones de la rutina, al fin, a medianoche, cuando ya toda mi familia se dormía, he logrado poner el ansiado punto final de la victoria. Me levanté a la cocina a tomar agua. El vaso resbaló de mis dedos para hacerse añicos contra el suelo: hubo un nuevo apagón en el barrio. A su regreso, la luz me ha traído la horrible certeza de que el dichoso archivo ha desaparecido y con él todo un día de trabajo se ha borrado. Ahora, que no sé dónde puede estar ese archivo, pero tampoco mi Mac, ni el escritorio en el que escribía, ni recuerdo si tuve alguna vez un despacho donde pasaba las horas. En el lugar donde debía estar la puerta puedo ver el blanco humo de la pared. He buscado en vano a mi mujer e hija en el dormitorio contiguo: siempre he vivido en este estudio que me resulta ajeno sin las fotografías que dudosamente recuerdo decorándolo. Un vecino, del otro lado de la calle, en un estudio igual al mío, escucha en su ordenador a todo volumen y la ventana abierta la misma machacona canción de Ryan Adams que yo escucho cuando escribo y he llegado a odiar tras todos estos años. Tantas despariciones detrás de un solo archivo son demasiado: reconozco haber pensado en arrojarme desde el balcón, pero tampoco lo hay en este monoambiente, así que he decidido no hacerme problema, sentarme en mi sillón de terciopelo verde y encender el televisor. Dan un episodio del Correcaminos.

2009-10-19

CV en una botella

La carrera investigadora nos sitúa ante la tesitura de tener que opositar mil y una veces, aguardar evaluaciones confiando en la magnanimidad de los veredictos, esperando que el mar y la noche no darán al traste con el cv en una botella que lanzamos a ciegas con la esperanza de que arribe a una playa que nos dé calor, luz y el suficiente oxígeno para continuar. La rumorología mientras tanto hace su trabajo, nos llegan historias reales entreveradas de ficción que nos curten en la experiencia, al tiempo que filtramos la información para conformarnos una idea aproximada de cuál es el funcionamiento del sistema ciego y monstruoso de las administraciones públicas.

Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, la realidad se obstina en dejarnos boquiabiertos, preguntándonos, como Bernal en su "Historia verdadera", cómo hacer para contar las cosas "nunca antes oídas, ni aun soñadas", pues siempre llega alguien con un relato peor. La historia que sigue la camuflaré para no hacer visible a mi querido amigo, su protagonista, quien, luego de veinte años de trabajo en la función pública, se presentó a un puesto superior en un Ministerio de un lejano país de Oriente próximo. Parece ser que hubo otros 500 más que tuvieron la misma idea de fugarse hasta allí, de fuera y de dentro de la administración. La convocatoria rezaba escuetamente que los aspirantes debían superar un examen de cultura general. Los que aprobasen, tendrían que presentar sus méritos y ganaría aquel aspirante cuya media ponderada en ambas fases fuera mayor. Pues bien: ni hubo una relación de temas que podrían preguntar, ni hubo unas instrucciones previas de cómo sería ese examen. --duración, desarrollo, tipo de preguntas, etc--, ni se acotaron siquiera las preguntas que tenían que ver con aspectos legales. Las preguntas fueron, pongamos por caso, "La botánica en nuestro lejano y querido país" y en segundo término, "Economistas de nuestro querido lejano país". Los 500 individuos tuvieron que inventar una respuesta en menos de 30 minutos para cada pregunta. Hete aquí que corrigió el examen la máxima autoridad competente del gobierno de ese lejano país disponible y otra persona, y sin publicarse los criterios de evaluación, las calificaciones, las actas, ni nada que se le parezca se colgó un pdf con los nombres de los únicos siete aprobados (de 500...). De estos 7, curiosamente, todos eran conocidos de la máxima autoridad competente citada... increíblemente, pese a lo que inmediatamente habrán pensado, no se trata del virrey.

Ver para creer. ¡Que suerte no ser un ciudadano de ese lejano país de Oriente próximo! Estas cosas no pasan en la administración española.

2009-10-01

I+D


Viene siendo habitual, pero por ello no menos vergonzoso, que los investigadores de todas las áreas del saber, los científicos- entre los que me incluyo-, se vean forzados a superar toda serie de obstáculos para desarrollar su investigación. La nula consideración social, el escaso prestigio de quien se dedica a estos menesteres, se fundamenta en un estereotipo que funciona en nuestra sociedad. Desgraciadamente, la consideración fantasiosa del investigador en bata blanca, como una rara avis, una excepción o un objeto decorativo, predomina en el pensamiento de buena parte de los trabajadores, ciertos funcionarios de la administración y, lo que es más grave, los políticos (éstos últimos con un nivel de estudios irónicamente más bajo de lo mínimamente exigible en un país del llamado Primer Mundo). En su mejor versión, los exóticos trabajadores de la investigación son tolerados como una subespecie del ser humano que añade una pincelada a la sección de curiosidades de los informativos. Pero, en su peor versión, el prejuicio contra los investigadores puede formularse así: “el investigador es un niñato, generalmente enchufado, que como no tiene ganas de trabajar o no tiene en qué ocupar su tiempo, prolonga su vida universitaria unos añitos, gracias a la subvención pública que pagamos el resto de trabajadores (que sí estamos levantando el país)”. Y los individuos a los que define esta frase se los puede reunir en torno a la etiqueta de “p… becarios”. Puesto esto por escrito, se visualiza hasta qué punto es urgente que esta frase deba ir pareciéndonos poco a poco tan de juzgado de guardia como llamar a los homosexuales enfermos pervertidos o decir que el lugar donde deben estar las mujeres es en su casa, atendiendo a los críos. La cuestión es que este prejuicio tiene forzosamente que estar debajo de las mentes de quienes han diseñado los presupuestos de este año. Y a su vez estas mentes excelentes y privilegiadas de seguro han calculado que este prejuicio anida en el inconsciente de la mayoría de la población de este país.

Para la mayoría, el I+D no es más que la suma de dos letras. De lo contrario, no se explica cómo la inversión en I+D, no sólo no aumente, sino se reduzca un 17%. ¿Dónde está ese famoso cambio de modelo productivo de ZP? ¿Dónde está la promesa de una apuesta por la investigación con la que este gobierno llegó al poder? Estos días he oído a diferentes ministros haciendo referencia a la subida del número de becas. No entiendo. O se nos está mintiendo descaradamente, o es que las cifras se maquillan, se dan vuelta y vuelta, hasta que no somos capaces de entender nada. Las becas, becas, las de investigación, las que dan continuidad a la carrera investigadora de un individuo, no es que hayan disminuido, sino que en algunos casos se han suprimido. Un ejemplo que nos afecta a muchos: las becas postdoctorales de perfeccionamiento del MEC, que se convierten en imprescindibles en áreas como las humanidades o las ciencias sociales, han sido suprimidas por completo. Se las esperaba en junio, y aún no han sido convocadas. Lejos de ser algo extraño esto es una práctica habitual de nuestros gobiernos (no sólo nacional, la Junta es una experta). La triquiñuela es así: como no quiero invertir dinero en investigación, tiro la pelota adelante y demoro en convocar las ayudas unos… 6 meses. El proceso para su resolución son otros 5 meses más. En total un añito. En ese tiempo, busco de dónde sacar el dinero, cuando las convoco, convoco menos de las que debo. En el lapso de demora habrá algún investigador que, harto de la situación de precariedad, o bien porque no tiene más remedio al quedarse sin prestación por desempleo, se marchará a EEUU, a algún país decente en Europa o simplemente habrá tirado la toalla, harto de zancadillas administrativas, quedando- como me dijo un profesor de la universidad de Duke una vez- “arrumbao”. Con suerte y esfuerzo, el investigador acabará reconvertido en profesor de secundaria o, en los peores casos, como auxiliar administrativo de algún laboratorio farmacéutico. ¡Voilá!: he aquí el modo en que dilapidan las energías y la inteligencia de los, no sé si mejores, pero al menos sí los más formados, jóvenes (o no tan jóvenes) de este país. No es necesario hablar de la famosa conciliación de la vida laboral y familiar, pues es de todos sabido que los que se dedican a la investigación son célibes o estériles.

Dicho esto, cabe añadir que la sensibilidad del principal partido de la oposición no fue mayor cuando estuvo en el gobierno, y la demanda de austeridad que va en su programa habría que preguntarse si también irá en este sentido. La fuerza de los votos se impone, mucho me temo, una vez más al sentido común.

No obstante, no me valen los que se apuntan a cerrar filas. Lejos de hacer crítica constructiva, se ve que es ahora, para muchos “progresistas”, el momento de salir a la palestra a “defender la alegría” presupuestaria, cuando hasta el diario El País retiró los botes salvavidas. En mitad de la tormenta se agradecen más ciertas fidelidades. Y parece que, cuando hay más urgencia, resulta más sencillo aparecer en según qué fotografías.

2009-09-02

Vacaciones


1.

Dicen que en Almuñécar hay gente que trepa por los acantilados, se sienta sobre sus cornisas de roca, se reúne a media noche aferrándose como pueden a las piedras, mientras el mar golpea y silba y muge intermitentemente.

Cuentan que esperan hasta la raya del alba, hasta que rompe la última ola de la noche. Y entonces, desde cada playa, puede oírse la ovación de cientos de gargantas y manos, batiendo al unísono. Por más que se los busca, una vez amanece no queda rastro de ellos, salvo quizás algún resto, zapatos o guantes húmedos, abandonados en su huida. Se cree que se escurren entre las grietas, hasta la noche siguiente.
2.

Este es un relato verídico.

A mi regreso al hotel, desde el paseo, veo cómo se extiende ante mí la hilera de farolas encendidas en la apacible noche de agosto, una serpiente de luces ondulando según la caprichosa forma del acantilado del Cotobro. Todas lucen salvo una. En el río luminoso se abre un halo oscuro, un boquete de tiniebla que deshace la armonía. Su vacío se me antoja un corazón latiendo de sangre negra todo el conjunto. Entonces, desde ese extremo oscuro de la realidad, escucho los primeros ladridos de un perro que reconozco, esperándome, como venido del otro lado de un cuento de Cortázar.

3.

Las últimas tardes de agosto tienen algo como del fin de una vida. Cada día amanece una luz de domingo que arrastra como una espátula invisible toda impureza, los vicios y juguetes de la noche anterior, dejando su crueldad desnuda que se rompe algunas veces- cuando el sol no quema y las familias se retiran en su estrés incansable de peleas matrimoniales, niños llorando, con su nevera, el hinchable, la sombrilla, la suegra, el abanico y/o el ventilador a pilas- en una tibia melancolía de mujeres doradas y algún grito apagado bajo el cielo sin nubes.

2009-09-01

Igualito que Facebook

Dos días de anfitriones, en casa, recibiendo visitas de amigos. Agotador, pero qué lindo es reencontrarse con gente con la que has compartido muchas cosas después de mucho tiempo sin haberse visto. El tiempo se pasa volando. La vida vuelta un facebook cartesiano.

2009-08-23

Lectura como virus


Gajes del oficio, debo confesar que leo antes que por otro motivo, por intereses académicos e intelectuales. Nunca, desde luego, por obligación (elijo mis esclavitudes con placer), pero sí con alguna urgencia. En el proceso unos libros me llevan a otros, éstos otros a unos artículos académicos y éstos a unas entrevistas en donde se mencionan nuevos libros, libros que “cómo habré dejado de leer”, así que a veces adelantan a esos otros libros que están aguardándome desde hace tiempo ahí, semi-escondidos debajo de la vida cotidiana. Si echo una mirada por encima del hombro encuentro una raya roja atravesando sus páginas, esa raya es lo que puedo decir que he leído a través de ellos. La excepción a este comportamiento lector está en el impulso infrecuente que uno tiene de releer (o leer, directamente) a los clásicos. Los fantasmas que han flotado alrededor de uno, dejándonos sentir la porción de deuda que tenemos por saldar con ellos, nombres que me gusta imaginar de brazos cruzados en las profundidades de una biblioteca que se parece a un callejón oscuro a la espera de que uno se atreva, con mayor o menor esfuerzo, a perderse por ellos. La otra excepción, que me llena de un gozo maravilloso, es leer libros al azar, de autores que jamás he leído. Avanzar unas páginas y encontrar que el libro cae como anillo al dedo generando en mí un impulso irrefrenable de escribir. Ese gusanillo de la imaginación que nos devora y no nos deja tranquilos hasta que no nos sentamos ante las teclas del ordenador. La lectura como virus. Cuando al cerrar un libro siento esa deliciosa incontinencia, me siento vivo. Por suerte, todo puede darse (y se da) al mismo tiempo. Por eso, entre otras cosas, me encanta mi trabajo.

2009-08-22

Intermitencias


I.
Despertó sobre la acera. Alguien la había recostado con los pies en alto. Delante de sí estaba Matías, su novio, quien le hizo saber que su padre la andaba buscando por el asunto de los doscientos euros que habían desaparecido de la caja. Ella, la chica de la catequesis parroquial, había robado a su propio padre, faltando como poco a dos de los Diez Mandamientos. Se incorporó y le pidió a Matías que no se preocupase, ella reservaría el pasaje y se verían de nuevo en la puerta de la Estación. Era entonces o no sería nunca. No era una huida, era un viaje definitivo a sus sueños. No supo muy bien qué ocurrió al salir de la Estación de autobuses con un billete a Madrid y su guitarra al hombro. El sol la deslumbraba.

II.
Despertó en el asiento trasero de un coche. Su padre conducía en silencio. Sus acusadores ojos la miraban desde el retrovisor. Le dolía la cabeza. Su padre le contó cómo el yonqui de Matías le había robado los doscientos euros y el pasaje a Madrid. Jamás llegaría para la prueba. A cada rato repetía cuánto lo sentía. Su estómago era todo una bola de rabia. Pidió a su padre que la dejara apearse. Regresaban los mareos. Apenas tuvo tiempo de abrir la puerta del servicio de la gasolinera. Cerró los ojos, la acidez estallaba en la garganta.

III.
Despertó. La cabeza le explotaba. Se levantó a duras penas, todavía débil por el esfuerzo. Ignoraba si aquel olor nauseabundo se correspondía con sus propios vómitos o con los de su predecesor. Para colmo no salía agua de la cañería. El calor reavivaba las náuseas. Sin saber muy bien qué hacer caminó tambaleándose hasta un surtidor y encontró que en la acera de enfrente la esperaba Matías. Apesadumbrado le contaba que debía viajar urgentemente a Madrid. Su padre estaba ingresado por una grave enfermedad. Ella estaba confundida, después de todo, no sabía si fiarse de Matías. Caminaron de la mano. Le pareció raro que él, sin embargo, no le preguntase por el olor. La despidió unos metros más allá, en la puerta de la Estación, depositando los doscientos euros en su mano: Cosi, te quiero mucho. Ella se internó en el edificio. Sus últimas palabras se apagaban en la oscuridad.

IV.
Al despertar el mundo tardó aún unos minutos. La oscuridad era cálida. Palpó las paredes del útero: el espacio no era muy amplio. Los mareos habían desaparecido. De repente, se encendió una luz al fondo y alguien dijo: Es tu turno, mucha mierda. Así, sin pensarlo demasiado, agarró la guitarra y cruzó las cortinas. Del otro lado la megafonía ya había anunciado su actuación. Las emociones se agolpaban hasta que sobre todas ellas la alegría se impuso: su padre y Matías, superando viejas rencillas, se sentaban juntos en primera fila. Interpretó una de sus canciones más viejas, lenta, profunda, desgarradora. Con el eco del último acorde llegaron los aplausos, que caían como gotas de lluvia sobre sus ojos cerrados.

V.
Al despertar ya no había aplausos, ni público. En la habitación del hospital su padre agarraba su mano entre lágrimas de alivio. El niño iba a llamarse Matías, como su difunto padre. Los policías no esperaron más y se lo llevaron.

Publicado en la antología De mes en cuando, Ediciones Pura Vida, 2009.

2009-08-21

Zapping II


Cuando me decidí a confesarle que lo nuestro se había acabado ella no pudo contener su conocida mueca de asco: "Me parece estar viviendo una película". Lo dijo en el instante en que la primera ráfaga de electrones ya deshacía el extremo de nuestros dedos. Supe entonces que cuando sintonizaran de nuevo nuestro canal trataría de convencerla de lo contrario.

2009-08-14

Salvando a la enfermera de Rayán

En la época de la reproductibilidad consejeril crecen como los hongos en la cara norte de los árboles los chivos expiatorios en la misma proporción en que los excelentes encorbatados estrenan bolsos, chalecos o cargos políticos. Es la época de la España del postpelotazo, la de los trajes sin cabeza, cuando el delirio sigue siendo un río desbocado donde ahora asoman por fin los cascotes arrastrados estos años. Los ejemplos son legión...

Infinitamente a destiempo miremos lo ocurrido con Rayán, el bebé de la primera fallecida por la gripe A (tiene huevos), muerto por el error terrorífico de una enfermera formada espectacularmente en universidades españolas- según el consejero de turno. La enfermera, anónima aún- milagro mediático-, es deslizada rápidamente en la escena. La construcción del chivo expiatorio empieza en los responsables del hospital, primero, y concluye en las declaraciones del consejero encorbatado, después. Por suerte se da a conocer un informe del Consejo General de Enfermería en el que se reconoce que el hospital Gregorio Marañón vulnera la normativa. No obstante el brazo ejecutor fue el suyo y existió- al parecer- su error, ahora bien, ¿está como se le pide en disposición de negarse a llevar a cabo el trabajo que se le encomienda? ¿Hasta qué punto es creíble que una enfermera novata en su primer día de trabajo decida motu proprio hacer lo que nunca ha hecho sin supervisión y sin haber recibido ninguna orden expresa al respecto? ¿El Gregorio Marañón es el único lugar donde pudo pasar esto? Pensemos en nuestras profesiones, ¿no se parece un poco demasiado la escrupulosa legalidad vigente en ese hospital, como en un primer momento nos quisieron hacer creer los responsables médicos, a la que impera en nuestros trabajos? ¿No es verdad que vivimos en un país de sustitutos interinos? ¿Acaso la excelencia en los papeles no maquilla un cuerpo cada vez más precario y en ocasiones corrupto en la Universidad, la Sanidad, la Educación? ¿Habría sido posible este circo intra-sanitario si se tratara de un médico no de una enfermera?
La enfermera de Rayán cometió presuntamente el error más visible posible. Y eso es lo más alucinante: el que precisamente haya ocurrido algo así cuando todos los focos descansaban en ese bebé prematuro. Nos deja majaretas pensar hasta qué punto alcanza el cinismo de quienes debían, por higiene mediática tal vez, haber puesto atención en que el cuerpo sanitario no se necrosara en ese punto y no lo hicieron. Obviamente no me refiero a la enfermera.
Alucinante, como pocas cosas, ciertamente. O mejor, alucinante como la realidad.

2009-08-12

Derrida como autoayuda



Viendo un incomprensible capítulo de Perdidos me he puesto a pensar en Derrida incomprensiblemente. Derrida hizo, entre otras cosas una formidable crítica de la noción de estructura para mostrarnos, o más bien, abrirnos a la exploración de la idea de que el centro de las cosas es interior y paradójicaemnte escapa a la estructura misma, remitiendo a una sombra. El punto central, señala Derrida en La escritura y la diferencia, rige la estructura y al mismo tiempo, la excede, dado que tal punto no admite permutación o transformación en el marco de la estructura. El descentramiento deja de ser una anomalía para la estructuralidad de la estructura y pasa a convertirse en el eje constitutivo de la misma. Pues bien. Esta idea me seduce hoy en esta tarde calurosa de agosto, y saliendo de los juegos artístico-literarios, porque encuentro al atravesar los vericuetos mentales de la incertidumbre que el centro de la misma está hueco, que su propia historia es, como pensaba el filósofo, una historia de las sustituciones. La estructura de la incertidumbre tiene un agujero en su centro por donde asoma el hilo de la madeja de la calma, una vez que por aquél termina por desaguar toda nostalgia. Y la ausencia entonces se vuelve presencia que ha de ser explorada. Eso sí, armándose uno del valor y la sabiduría para aceptar todo el descentramiento que impone este juego. Vuelta la espalda a las aparentes ruinas de las verdades sobre las que creíamos que se edificaba nuestro mundo.

"Sin embargo yo creo que aquel niño se fue con ellos y todos juntos viven con otras personas y es a ellos a quienes los muebles recuerdan. Ahora yo soy otro, quiero recordar a aquel niño y no puedo. No sé cómo es él mirado desde mí"

Felisberto Hernández, "El caballo perdido".