2007-08-11

Mario Levrero en España




Los amantes de la literatura fantástica estamos de enhorabuena: empiezan a ser editadas en España nuevas novelas de Mario Levrero (la autobiografía ficcionalizada o el diario apócrifo El discurso vacío y el policial paródico Dejen todo en mis manos), quien quizás sea el último maestro de la narrativa latinoamericana que nos ha dejado en 2004. A este autor uruguayo secreto o clandestino fuera de Uruguay (he preguntado a numerosos profesores argentinos, españoles, norteamericanos, ni oír hablar de él), se había llegado hasta ahora en avión y caminando por Montevideo, a través de recomendaciones de libreros y amigos. Todavía lamento haber tenido su teléfono en el bolsillo y no haberlo llamado para apuntarme a su taller, de quien algunos alumnos me han hablado maravillas. Meses después moría, era un fumador empedernido. Completar su biblioteca me ha costado muchos vagabundeos por librerías de saldo y deudas de gratitud con su familia y amigos (mil gracias especialmente a Ignacio y a Elvio).
Oiremos por suerte ahora hablar de él, voces de autores y críticos empezarán a llamarlo "maestro", pronto surgirán por todos lados expertos en su literatura, aunque hasta hace nada todos ignorábamos su existencia (no hay que buscar culpables, como a otros muchos, no tocaba leerlo, no había nicho, no interesaba...). Es algo que va lamentablemente unido al oficio de los críticos: la vieja ley de la oferta y la demanda. El azar, una sincera admiración y el trabajo, me ha llevado desde hace varios años a recopilar sus libros, y a pergeñar desde hace un tiempo un trabajo de investigación que verá la luz: no me escapo, ahora interesará más que antes. Todos formamos parte del "campo-circo literario", y la oportunidad de las cosas, las más de las veces, es la que dicta el mercado. Consuela que, afortunadamente, en este caso, lo que se publique y escriba sobre él (espero que con la mayor honestidad y filo-logía etimológica posibles) hará justicia a un escritor de talla, dueño de una estética personalísima, poseedor de un mundo propio. Esta vez- no siempre ocurre- los elogios se plegarán a la verdad. Espero que Mario Levrero ocupe por fin el sitio que merece en la post-todo historia literaria.
Imagino que a cada escritor le llega su momento (su San Martín multinacional). En este caso una vez más, se cumple el tópico, le ha llegado a su muerte. Lo que ocurre es que los momentos de otros han llegado en vida, y uno no alcanza a saber si es que este campo literario es demasiado pequeño o si las circunstancias oportunas para su literatura no se han dado o no han querido que se den (el propio autor, los colegas, los editores o los críticos). A ello ayudó algo que Ángel Rama lo arrimara quizás demasiado al insilio, circunstancia que ha limitado un interés por la literatura que escribió después. En cualquier caso, y esta es otra de las causas, la respetabilidad, de la que hablaba Bolaño, tampoco fue el objetivo primordial de Mario Jorge Varlotta Levrero.
De carácter excéntrico, publicó por primera vez a mediados de los sesenta en la revista marxista-surrealista "Los huevos del Plata" es autor de relatos y novelas. En mi opinión su narrativa puede dividirse en dos vetas que se cruzan. Por un lado el Levrero de El discurso vacío o La novela luminosa, narraciones de corte realista, a modo de diario, en que reflexiona sobre el sentido de la escritura, la melancólica constatación del extravío de ese hilo de juventud que para Levrero atraviesa la verdadera literatura, donde se devana los sesos para encontrar iluminaciones que den sentido a la existencia y abran espacio a una sinceridad en su literatura. Por otro lado, las fábulas oscuras, construidas a partir de la proliferación de imágenes oníricas, universos ficcionales atravesados por la cultura de masas y la mirada oblicua del fantástico rioplatense. En esta veta Levrero juega con los géneros menores, entre la ciencia ficción, el policial y el gótico, generalmente narradas también en primera persona, en que personajes abúlicos se ven forzados a atravesar laberintos kafkianos plagados de violencias, postergación de la seguridad o el amor prometidos, absurdo, incomunicación, y un maravilloso humor, negrísimo o disparatado. Esta veta, mi predilecta, me ha significado una verdadera experiencia de lectura y ha influido bastante en lo que humildemente escribo. Para mí su literatura tiene algo de radicalidad a sabiendas del contexto del "fin" o lo "post", melancolía, fe, necesidad vital y verdadero amor por la mentira literaria: Dejen todo en mis manos, que se publica en España ahora por vez primera, La ciudad, El lugar, París (estos tres ya publicados acá), Caza de conejos, Los carros de fuego, pertenecen a esta línea. Algunos cuentos suyos que ahora me vienen a la cabeza y que son especialmente brillantes El sótano, El portero y el otro, Capítulo XXX, Siukville o La máquina de pensar en Gladys. Mi libro favorito, un poco excéntrico en su producción Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo. Absolutamente imprescindible. De veras. Nada más que me escribáis un mensajito o me llaméis y yo os presto el libro (de "huelva", que nos conocemos).


3 comentarios:

Migue dijo...

No lo conocía... gracias por descubrirnoslo.

Ra dijo...

Por mi parte estoy en ello.Encontrarlo en Babelia ya fué bueno, y qué gusto encontrar además tu post sobre Levrero!

Jesús Montoya Juárez dijo...

Ra,

ya me cuentas qué tal. Buen verano.

"Sin embargo yo creo que aquel niño se fue con ellos y todos juntos viven con otras personas y es a ellos a quienes los muebles recuerdan. Ahora yo soy otro, quiero recordar a aquel niño y no puedo. No sé cómo es él mirado desde mí"

Felisberto Hernández, "El caballo perdido".