2007-09-13

Si habéis frecuentado este blog habréis podido leer un post sobre una anécdota que vivimos mi pareja y yo en un chiringuito del Cabo de Gata. El post relataba nuestro malestar por las actitudes que percibimos- recalco el término “percibimos”- en quienes se sentaban en la mesa contigua, malestar que todos hemos debido compartir en algún momento porque la vida en sociedad acarrea este tipo de desencuentros. Partimos del hecho de que al ser percepciones necesariamente son interpretaciones o representaciones (vorstellen) de una realidad construida por quien la observa. Quien firma asume no conocer el fondo de la escena, pero avala lo que percibe como sucedido. Ante lo sucedido siento tener que decir que muchos habríamos reaccionado de manera similar.

Digo que ese era el relato del post, el relato de “nuestro malestar” y no de otra cosa, y en él de ningún modo habría incluido ningún nombre propio, porque ha estado como siempre lejos de mi intención hacer mofa o ridículo de ninguna persona privada de manera pública. El post fue publicado por la razón siguiente, y lo fue además incluyendo un nombre propio: porque entre los que ocupaban la mesa estaba un político bastante conocido y que por tanto es un hombre público. Escribí este post simplemente para dar a conocer mis sensaciones a partir de esta anécdota exclusivamente a mis amigos “blogueros”, lectores de mi blog, amigos que he conocido a lo largo de mis viajes o que me conocen virtualmente por un intercambio de visitas en la llamada “blogosfera”, sensaciones que no son excesivamente originales y que básicamente se reducen a 1. La imagen pública de los políticos es- conviene recordarlo- una construcción interesada en aras de obtener un resultado electoral, es decir, poder político; 2. Por los comentarios que- repito- me fue imposible evitar oír, en nada me daba la sensación de estar escuchando a una misma personalidad que se ha promocionado para convencer(me) de que encajaba con una serie de valores e ideología (encarnada por un partido al cual he votado), 3. En un debate que he tenido por internet con excelentes e idealistas amigos que sí integran este partido, explico las razones por las que yo no lo haría hoy, es decir, la falta de fe en las alternativas políticas o más bien en quienes las encabezan. Estas razones, que vienen a ser lo central del post, dada la naturaleza de quien las propone, interesan básicamente a mis redes sociales, amigos aficionados a este tipo de conversaciones, y a nadie más.

Como es, por otra parte, completamente lícito, he obtenido un determinado “feedback”, que calificaría de sorprendente, de personas que se sintieron aludidas por los hechos que narro, personas a las que no conocía y sigo sin conocer, dado que además no firman con su propio nombre los comentarios, aunque, repito, sólo el nombre propio del político en cuestión aparece en el texto y yo no revelo sus nombres ni dato alguno sobre ellas porque no me interesa. Como sabéis quienes lo habéis leído, el texto que yo escribí no habla de la vida privada de nadie, ni de la vida privada de la familia de nadie, porque este blog es fundamentalmente personal, y si versa de algún tema es sobre literatura, no sobre política, ni sobre ninguna otra cosa. Todos los detalles privados o personales revelados en este blog han aparecido en los propios comentarios que estos aludidos han hecho. Esto lo habéis podido comprobar todos los que habéis leído este blog, que parece ser habéis sido más de los que los que me habría gustado, y que conste que yo no creo en las casualidades de la red.

Escribo esta entrada para decir que pienso retirar el mencionado “post” y las razones que me mueven a ello son las siguientes:

1- Mi objetivo, dar a conocer una anécdota para expresar, repito, mis sensaciones por una actitud de la que he sido testigo a mis amigos, conocidos y lectores habituales de este blog, ha sido de sobra cumplido. Todos los post desaparecen a medida que se publican nuevas entradas, pero no tengo interés en mantener viva ninguna polémica pues ni he militado ni milito en ningún partido político o grupo de influencia ni tengo previsto hacerlo.
2- No deseo obtener beneficio alguno de esta polémica (si se la puede llamar así), como estos comentaristas han insinuado, no pretendo cobrar notoriedad, menos a costa de esto, ni que este blog o mi persona sean objeto de usos interesados, por ejemplo, por parte de personas, grupos o intereses políticos o de otro tipo, ni deseo que mi opinión, copiada o tergiversada, pueda servir para validar estrategias o campañas en uno u otro sentido que yo nunca suscribiría, y dada la difusión inesperada y, sobre todo, fuera de mi control, agravada por los comentarios de estos confesos aludidos, tal cosa podría ocurrir y a mí esa posibilidad me horroriza. Esta y no otra es la razón principal que me lleva a suprimir este post.
3- No deseo desde el punto de vista profesional, como tampoco- y esto es para mí más importante- desde el punto de vista más humano o personal, que este blog y la opinión legítima por mí vertida en él generen ningún problema familiar o personal a nadie (cosa que me parecería absurda). Ya he dicho que no ha hecho reconocible a nadie este post, ni ha estado en mi deseo dañar la imagen de terceros. Obvia decir que quien me conoce no pone en duda esto, como tampoco lo duda quien ha venido leyendo este blog.
4- Aunque debo decir que en un principio el asombro se superponía a una cierta sonrisa, porque tomado con sentido del humor tiene su lado irónico- nunca me había ocurrido algo así y todavía no mide uno cuál es el potencial de internet-, no tengo particular interés en seguir recibiendo comentarios de ningún aludido más, ni elogiosos, ni enojados, ni racionales, ni irracionales, ni anónimos ni firmados por moriscos adoptivos del XVIII, ni por nadie, a propósito de este post, como tampoco da para escribir nada más sobre un tema que es bastante viejo y que para mí se quedaba en una simple anécdota de verano.

Para terminar, sigo pensando que cualquier ciudadano está en su derecho a opinar de las actitudes de sus figuras públicas, incluso en una ciudad diminuta como ésta. Si en el futuro estimo oportuno hacerlo, lo haré. Internet es un foro hasta cierto punto democrático, no masivo, pero eficaz para expresarse, sobre todo para quienes no tenemos micrófonos, ni cámaras, ni prensa, ni canales de televisión a nuestra disposición.

Lo más interesante de todo esto es para mí el que este hecho demuestra que internet y las relaciones sociales derivadas de ella son un espacio por teorizar aún; la red supone una nueva libertad para la palabra y una esclavitud también nueva. Las consecuencias de una y otra- de esta anécdota lo he aprendido- trascienden lo virtual; es algo para mí aún sorprendente, de igual manera que lo sigue siendo- como lo era para Heidegger- viajar en avión, esta cosa posmoderna en que lo real accede a lo virtual y lo virtual accede a lo real o lo real queda redefinido. Internet es un salto a una segunda edad de los media, que decía Mark Poster. Este “panopticon” parece atarnos a todos a nuevas posibilidades de existir en varios horizontes de realidad que se interpenetran. Lo bueno o lo “utópico”, para los que en el mundo real no estamos en el mismo nivel de influencia, es que todos estamos obligados a tranzar. Lo malo es que siempre volvemos a lo real, y ahí, en fin, las cosas están como están, aunque para saber cómo están tengamos que leer los periódicos (lo virtual otra vez).

Aunque pretendo zanjar aquí este tema, seguiré escribiendo libremente de lo que me importa o interesa, que no será este asunto ni nada que con él tenga que ver.

Los temas emergen, el continuo los dispone ante los ojos.

4 comentarios:

Ra dijo...

Hay gente para todo, Jesús.
No dejes de escribir libremente, "digan lo que digan" que diría aquel ;)
Un abrazo

Javier Menéndez Llamazares dijo...

A mí lo que me sorprende no es que podamos viajar en avión; es que se encienda la bombilla cuando pulsas el interruptor. Lo de la luz eléctrica sigue siendo un misterio insondable.

Menos misterioso es que se enciendan las iras de algunos cuando pulsas —a menudo sin pretenderlo— su fibra sensible. Yo leí tu artículo sobre el político, y me quedé indignado con la evidencia del cinismo. Luego no me preocupé de encajar nombres y caras, quizás porque la política local granadina me pilla muy lejana, pero creo que lo que contabas trascendía al personaje y es válido para toda una especie que sufrimos los humanos: los políticos.

La verdad, no me parece adecuado que retires el artículo —por motivos que si quieres te comento en privado—, pero a fin de cuentas es tu blog y a ti te corresponde esa decisión.

Ánimo y sigue contándonos las cosas con esta misma valentía.

Un abrazo.

N dijo...

Estoy de acuerdo contigo, sobre todo en dos cosas:
Por un lado, hablas de percepciones e interpretación y a mi me interesa y me gusta la que das, por eso te leo. Por otro, empezamos a ser Alicia a través del espejo, esta vez a través de la blogosfera. A mi también me intriga qué estamos haciendo, más allá de lo obvio. Y lo de la electricidad, me intriga tela.
¡Ah! y cierto es, las casualidades no existen, tampoco en la red.

i. i. dijo...

Jesús, la internet es un medio que nos posibilita precisamente eso, dar nuestra interpretación de las cosas del mundo, de los que sucede con los otros. La autocensura déjala a los medios tradicionales, los cuales, por su poderío económico, nunca dejarán obedecer a uno que otro interés por ahí.
Keep posting, my friend... Express what you really want to say!!!

"Sin embargo yo creo que aquel niño se fue con ellos y todos juntos viven con otras personas y es a ellos a quienes los muebles recuerdan. Ahora yo soy otro, quiero recordar a aquel niño y no puedo. No sé cómo es él mirado desde mí"

Felisberto Hernández, "El caballo perdido".