2009-08-12

Derrida como autoayuda



Viendo un incomprensible capítulo de Perdidos me he puesto a pensar en Derrida incomprensiblemente. Derrida hizo, entre otras cosas una formidable crítica de la noción de estructura para mostrarnos, o más bien, abrirnos a la exploración de la idea de que el centro de las cosas es interior y paradójicaemnte escapa a la estructura misma, remitiendo a una sombra. El punto central, señala Derrida en La escritura y la diferencia, rige la estructura y al mismo tiempo, la excede, dado que tal punto no admite permutación o transformación en el marco de la estructura. El descentramiento deja de ser una anomalía para la estructuralidad de la estructura y pasa a convertirse en el eje constitutivo de la misma. Pues bien. Esta idea me seduce hoy en esta tarde calurosa de agosto, y saliendo de los juegos artístico-literarios, porque encuentro al atravesar los vericuetos mentales de la incertidumbre que el centro de la misma está hueco, que su propia historia es, como pensaba el filósofo, una historia de las sustituciones. La estructura de la incertidumbre tiene un agujero en su centro por donde asoma el hilo de la madeja de la calma, una vez que por aquél termina por desaguar toda nostalgia. Y la ausencia entonces se vuelve presencia que ha de ser explorada. Eso sí, armándose uno del valor y la sabiduría para aceptar todo el descentramiento que impone este juego. Vuelta la espalda a las aparentes ruinas de las verdades sobre las que creíamos que se edificaba nuestro mundo.

2 comentarios:

Bobby dijo...

Oik?

i. i. dijo...

Y yo que me dedico a enseñar semiótica!! jeje. Un abrazo!!!

"Sin embargo yo creo que aquel niño se fue con ellos y todos juntos viven con otras personas y es a ellos a quienes los muebles recuerdan. Ahora yo soy otro, quiero recordar a aquel niño y no puedo. No sé cómo es él mirado desde mí"

Felisberto Hernández, "El caballo perdido".